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Entre 1947 y 1950, un grupo de empresarios y profesionales de la construcción, formado con ocasión de las obras del Programa de Modernización y Mejoramiento de La Serena, concibió la idea de crear una asociación que uniera a los constructores.


Algunos empresarios se interesaron en la creación de un organismo de carácter gremial, con vocación de servicio a la comunidad; que no se limitara a Santiago sino que llegara a cubrir todo el territorio nacional; y que fuera un ente intermedio de la sociedad.


Inspirados en los organismos ya existentes, se propusieron crear uno que representara no sólo a los empresarios de la construcción, sino todas las actividades del sector (fabricantes, proveedores, distribuidores, urbanizadores, colegios de arquitectos, ingenieros y constructores civiles).


El interés por una amplia representatividad dio origen al nombre: Cámara Chilena de la Construcción. Junto con buscar incrementar los volúmenes de obras de construcción y mejorar su calidad en el país, se propusieron buscar fórmulas para que los trabajadores de la construcción también se beneficiaran con la organización.