Informe Macroeconómico MACh

 

  • Informe MACh 34

  • Informe MACh 33

    Los últimos acontecimientos económicos internacionales –agudización de la crisis de financiamiento fiscal, incremento de la incertidumbre respecto del cumplimiento de pago de la deuda soberana, revisiones a la baja en distintos indicadores de actividad de las principales economías mundiales, mantención de altas y persistentes tasas de desempleo y desplome en los indicadores de confianza de los consumidores, eventos todos contemporáneos en Europa, Estados Unidos y Japón– han llevado a los analistas a ajustar bruscamente sus proyecciones de crecimiento, no sólo en lo referente a la usual mirada del año en curso y siguiente sino, y más importante que lo anterior, a replantear nuevos escenarios de crecimiento potencial para el largo plazo. En efecto, existe consenso en que el ritmo de expansión de la economía mundial será menor al previsto por un extenso período.

    MACh 33

  • MACh 32

    MACh 32

    Tal como lo habíamos previsto en nuestro Informe MACh de enero, la recuperación económica mundial continúa y se mantiene heterogénea entre bloques de países y, por lo tanto, sujeta a diferentes riesgos. En el caso de las economías avanzadas la mayor preocupación prevaleciente es el exceso de factores productivos disponibles en conjunto con desequilibrios fiscales evidenciados en altos niveles de endeudamiento, y cuya disminución se espera ocurra principalmente a partir de 2012. Mientras que en el caso de las economías emergentes sorprende el vigor de su crecimiento, enfrentándolas al riesgo de sobrecalentamiento. En efecto, el incremento sostenido en los precios de los alimentos y materias primas a nivel mundial es, en gran medida, debido a la fuerte expansión de la demanda de estos países.

    Chile no se encuentra ajeno a lo anterior. Por un lado, las expectativas de crecimiento de los analistas se mantuvieron sostenidamente centradas en 6% desde septiembre de 2010 hasta marzo último, ajustándose a 6,2% durante abril. Por otro lado, las expectativas inflacionarias sufrieron tres ajustes al alza significativos en el primer trimestre del año, lo que llevó al Banco Central a imprimir una mayor velocidad en la normalización de su política monetaria.

    Ello no era de extrañar luego de un año en que la demanda interna aumentó 16,4% anual a raíz del fuerte impulso en el consumo de los hogares, del avance en la inversión en maquinarias y equipos y la recuperación de inventarios. Con lo cual en la actualidad nos enfrentamos a un escenario en el que las brechas de capacidad están virtualmente cerradas, constituyéndose así en una instancia propicia para el traspaso de costos de producción a los precios internos que enfrenta el consumidor.

  • Informe MACh 31

    Desde una perspectiva macroeconómica, durante este año la economía chilena evolucionó de menos a más, consolidando progresivamente mejores expectativas para 2011. Por el contrario, el desempeño durante 2010 de la actividad de la construcción fue menor al esperado, no obstante nos manifestamos optimistas respecto a su evolución en los próximos doce meses.
    En particular, hacia fines del año en curso se conjugaron una suma de riesgos que frenaron el crecimiento de la actividad. Si bien éstos fueron identificados previamente, su materialización fue más intensa que la esperada cuatro meses atrás.
    Luego de los efectos adversos del terremoto, a partir del segundo trimestre, el PIB de la construcción se mantuvo en una senda de constante crecimiento —coherente con la evolución mensual del IMACON—, no obstante ésta se ubicó bajo lo esperado hasta converger al escenario pesimista de Informe MACh anterior. A nuestro juicio, ello obedeció fundamentalmente a la postergación
    de inicios de obras y saldos pendientes de gasto por parte del sector público.
    A pesar de lo anterior el mercado laboral de la construcción registró un sobresaliente dinamismo en los diez primeros meses de 2010, período en el cual se incrementó en 98.300 el número de ocupados, alcanzando a los 582.500 trabajadores. Situación que se asocia al efecto de bases de comparación menos exigentes, a las labores de reconstrucción y en mayor medida a la demanda por reparaciones. Con todo, esta mayor demanda por mano de obra provocó, en el margen, un aumento de las remuneraciones y costos laborales reales.
    Respecto del resto de los insumos utilizados en la cadena productiva, la menor capacidad de las empresas nacionales afectadas por el terremoto indujo de manera persistente, a la sustitución de dichos productos por sus símiles importados.
    En materia de gestión pública, al término del año en curso se observó una aceleración en el avance de la ejecución presupuestaria respecto del ritmo registrado cuatro meses atrás. Esto tanto en lo referente a programas de subsidios habitacionales (regulares y de reconstrucción) por parte del Minvu, como al desarrollo de proyectos de infraestructura concernientes al MOP. No obstante lo cual, la materialización de la inversión asociada no se observó en su totalidad en los resultados de 2010.
    En cuanto a la inversión privada, aquella asociada a vivienda habría finalizado con una contracción evemente inferior a la publicada en nuestro Informe anterior, permitiendo con ello que la inversión en vivienda total (pública y privada) cierre el año con cifras azules (1,6% de avance anual respecto de 2009). Por el contrario, el efecto inesperado provino de la inversión en infraestructura productiva privada, riesgo contemplado en nuestras proyecciones iniciales, pero que superó con creces nuestras expectativas. Particularmente, durante el tercer trimestre se registró la postergación de importantes obras vinculadas a los sectores energía y minería, cuyo efecto implicó un ajuste a la baja en torno al 7% respecto de la inversión esperada en agosto último. Es necesario destacar la negativa incidencia que estimamos tuvo la interrupción del proyecto Barrancones en la cartera de inversión de otros proyectos dependientes y/o de similares características; así como la recalendarización de los proyectos mineros Cerro Casale y Caserones.
    Para 2011 en tanto, el escenario base de nuestras proyecciones incorpora un importante crecimiento de la inversión esperada en vivienda e infraestructura. En el caso de la inversión en vivienda, ello refleja tanto el incremento del presupuesto del Minvu para efectos de financiar la segunda etapa de los programas de reconstrucción, como los mayores niveles de ventas inmobiliarias proyectados y la menor oferta disponible, con el consecuente efecto positivo en la inversión asociada.
    En el caso de la inversión en infraestructura, el aporte esperado de la inversión pública se ve suplementado en parte importante por la materialización de proyectos adjudicados hacia fines de 2010, así como por la cartera de inversión de los ministerios de Salud y Educación, lo cual logra más que compensar los discretos recursos presupuestarios asignados al MOP, cuyo destino principal es el pago de presupuestos de arrastre y no la ejecución de nueva inversión. Por su lado, para la infraestructura productiva privada nuestras expectativas son de un incremento de 9,7% en la inversión, en parte sustentada por el efecto de recalendarización de proyectos según lo observado a fines de este año.
    De esta forma, y en línea con las positivas expectativas de los empresarios del sector construcción respecto del desarrollo de la actividad, tanto para el corto como para el mediano plazo, el crecimiento esperado para la inversión en construcción en 2011 es de 10,8%, cifra que a su vez permitirá mantener el ritmo de creación de empleo y la tasa de cesantía en niveles similares a los observados este año.
    En cuanto a los principales factores de riesgos asociados a esta proyección, destacamos los desequilibrios fiscales y la moderada recuperación de las economías industrializadas; la evolución de los mercados financieros de las economías europeas, los que mantienen un nivel de incertidumbre mayor al habitual; y su impacto en las variables macroeconómicas domésticas —particularmente asociadas a tipo de cambio, tasas de interés y acceso al financiamiento. Por el lado estrictamente sectorial, está latente la ejecución de la totalidad del gasto público de manera armónica durante el año; y el cumplimiento de las carteras y calendarios de proyectos de inversión privados informados a la fecha.

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