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Espíritu y Ética, Caminando a los 70

Espíritu y Ética, Caminando a los 70

 

La promoción de la construcción es el interés central de esta Cámara Chilena de la Construcción que nace como una corporación de derecho privado y realiza su primera sesión constitutiva el 20 de junio de 1951 en uno de los salones del Club de la Unión. Entre los rasgos distintivos de este gremio destacan la amplitud y diversidad, al integrar a los más variados actores del sector: grandes empresas como inmobiliarias, industrias y constructoras que junto a proveedores, productores e instaladores de especialidades, más ingenieros, arquitectos, académicos y otras personas naturales, conformaron una unión virtuosa en pos del desarrollo del país. Esta característica tan única, según Hugo Bascou Letelier, socio y miembro del Grupo Alerce, se ha traducido a lo largo de los años en:


“... la forma de enfocar sus acciones; privilegiando la manera de relacionarse (...) El espíritu de la Cámara lo podríamos definir como un especial estilo para enfrentar la relación entre los miembros de la institución, para interactuar entre personas de diferentes empresas con distintas concepciones de pensamiento, religión, tamaño y especialidades, que ponen por delante el bien común, el sentido humanista de las personas, el trato con respeto, en igualdad de condiciones, para aportar proyectos de interés gremial y nacional, que contribuyen al desarrollo país, desde el sector construcción”.

Lo anterior se ve manifestado en el principio de fraternidad y espíritu solidario que los rige, presente en la declaración de 1994 y, por supuesto, en la forma que se ha buscado actuar al interior de la Cámara en estas casi siete décadas de existencia.

Su estructura gremial ha favorecido desde sus inicios la participación y representación de la actividad a lo largo del país. En sus primeros años se constituyeron las cámaras de Valparaíso y Concepción, en los años sesenta se sumaron las de Arica, Valdivia, Cautín y Punta Arenas y en las décadas siguientes Calama, La Serena, Antofagasta, Talca, Copiapó, Puerto Montt, Coyhaique, Rancagua, Iquique y Osorno. Al día de hoy se cuenta con dieciocho las sedes regionales presentes en las zonas norte, centro, sur y austral. 

En cuanto a su forma de enfrentar el trabajo, en julio del mismo año de su creación se planteó la imposibilidad de que el directorio viera y resolviera todo lo que se presentaba, creándose las primeras comisiones de estadísticas, calificadora de socios, propaganda y de plan de acciones.

Entrado el siglo XXI, la magnitud del crecimiento y especialización del gremio nos habla de cómo ha cambiado el país y nuestra realidad. Para una institución gremial que partió con once socios y hoy cuenta con más de dos mil ochocientos, ha sido un largo camino lleno de logros y vicisitudes que no han mutado su esencia: la participación, respeto, camadería y la búsqueda consensuada de la resolución de conflictos siguen tan vivos ayer como hoy. 

Pero donde está mejor representado el Espíritu Cámara es en el trabajo permanente de todos sus socios en comités que agrupan las distintas actividades cuya misión es fomentar y perfeccionar las actividades empresariales y no para obtener beneficios indebidos; el trabajo en las delegaciones regionales, con énfasis en el desarrollo y características propias de su zona; en las comisiones que estudian y apoyan al directorio en materias específicas y en las directivas nacionales y regionales que trabajan para el progreso del país porque tienen claro que esto es para el progreso de nuestra actividad. 

De esta manera el cómo se ha organizado la Cámara Chilena de la Construcción se relaciona con lo que ha logrado como gremio, una muestra más de que los fines que se alcanzan también están ligados a los medios que se utilizan. Cuando definió su quehacer, según consta en documento del año 1954, también incluyó como objetivo un aspecto que ciertamente ha tenido un impacto social enorme en el país:


“Propender al perfeccionamiento educacional, cultural y profesional de los trabajadores de la construcción, a su bienestar económico y al mejoramiento de sus relaciones con los empresarios”.


La enorme labor en el campo social que ha desarrollado desde sus inicios es la más fiel expresión de su vocación humanista y de servicio; cabe señalar que en las primeras décadas los socios financiaron el funcionamiento de la Caja de Compensación, la Mutual de Seguridad y el Servicio Médico. Hoy las corporaciones e instituciones sin fines de lucro están organizadas y agrupadas bajo el alero del Consejo del Área Social (CONAS).

La existencia de la red social y su creciente desarrollo permite afirmar que los valores declarados en 1994 como principios, se han mantenido y han encarnado en todas sus iniciativas desde el inicio de la Cámara Chilena de la Construcción.

 

FRATERNIDAD Y ESPÍRITU SOLIDARIO


La Cámara promueve entre sus socios la igualdad de oportunidades, la participación y la fraternidad, preservando de este modo uno de los valores más resaltantes de los antiguos gremios. Es en esta perspectiva que la Cámara ha logrado concitar los aportes de todos los adherentes, como también el compromiso y lealtad de su administración, para realizar una labor que se debe a todos y a todos enorgullece. La Cámara, por otra parte, como genuina representante del sector hace permanentemente aportes en orden al desarrollo de la actividad, abriendo también canales para dar cauce a las iniciativas que impulsa.

 

VISIÓN HUMANISTA 

La institución sostiene una visión humanista del quehacer de la producción y de la empresa, considerando que el hombre y su dignidad deben constituir una preferente preocupación de cuantos la integran, visión que así mismo ha impulsado a la institución, que no ha vacilado jamás en emprender; también por cuenta propia, como colaboradora de la comunidad constructora, especialmente cuando ello ha resultado necesario, dada la movilidad laboral del sector.